Los cuatro niveles

Tenemos que entrar en el cuerpo para ir más allá de él y descubrir que no somos eso. Igualar el cuerpo físico percibido por los sentidos que están destinados a envejecer, marchitarse y morir con el “Yo”, siempre lleva al sufrimiento, tarde o temprano.

Lo que usted percibe como una estructura física densa llamada el cuerpo, que está sujeta a la enfermedad, a la vejez y a la muerte, no es usted. Es una percepción errónea de su realidad esencial que está más allá del nacimiento y la muerte y se debe a las limitaciones de su mente que, habiendo perdido contacto con el Ser, crea el cuerpo como evidencia de su creencia ilusoria en la separación y para justificar su estado de miedo. Pero no se aparte del cuerpo, porque en este símbolo de impermanencia, limitación y muerte que usted percibe como la creación ilusoria de su mente está escondido el esplendor de su realidad esencial e inmortal. No dirija su atención a ninguna otra parte en su búsqueda de la Verdad, porque no la va a encontrar en ninguna otra parte sino dentro de su cuerpo.

* * *

No luche contra el cuerpo, porque al hacerlo está luchando contra su propia realidad. Usted es su cuerpo. El cuerpo que usted puede ver y tocar es sólo un delgado velo ilusorio. Bajo él yace el cuerpo interior invisible, la puerta de entrada al Ser, a la Vida no Manifestada. A través del cuerpo interior usted está unido inseparablemente a esta Vida única no manifestada, sin nacimiento, sin muerte, eternamente presente. A través del cuerpo interior usted es uno con Dios por siempre.

Eckhart Tolle

Hoy quiero empezar recomendando una lectura que no lleva más de diez minutos: la de la entrevista a la escritora y experta en nutrición y energía (tras leer la entrevista, creo que, en este caso, esos dos conceptos deberían ir juntos: [nutrición-y-energía]) Montse Bradford. Se la ha hecho el redactor Josep Fita y sale publicada en La Vanguardia. La cita de esta autora que han elegido para el título es: “Lo que pensamos genera emociones, pero también lo que comemos”. Es una elección acertada, porque resume muy bien lo que Bradford desgrana en sus respuestas: ella propone un modelo de alimentación basado en buscar el equilibrio no sólo de nuestro cuerpo físico consigo mismo, sino de lo que ella denomina los tres cuerpos: el físico, el mental y el emocional.

Lo que a mí más me ha interesado acerca de esta entrevista es, más que las teorías que la escritora expone sobre lo que ella considera una alimentación sana, precisamente el punto de partida en el que da por sentado que hay distintos niveles en los que existimos, distintos cuerpos, siguiendo su léxico. Hay más: ella dice -a mi juicio, de forma muy sensata y muy cierta- que las personas vibramos en esos tres niveles o cuerpos, y se explaya: “Cada uno de ellos necesita cosas diferentes. Las personas sólo identifican el físico, el que vemos cada día en el espejo. En cambio, hay mucho miedo en prestar atención al emocional. Nos pasamos años sin reciclar nuestras emociones, bloqueando totalmente este cuerpo. También está el mental. Los alimentos que necesita cada uno son distintos. No podemos darle chocolate al emocional porque no funciona. Si el novio nos deja, comiendo chocolate no haremos que vuelva. El único cuerpo que tiene sistema digestivo, dientes y estómago es el físico. Al cuerpo emocional, por ejemplo, hay que alimentarlo, sí, pero con emociones. Cada uno tendrá su método, a unos les gustará ir a bailar, a otros ir a caminar por la playa… Acabamos alimentándolo, sin embargo, con cosas físicas que no funcionan”.

Probablemente tan antiguo como la existencia del hombre en la Tierra es concebir esa existencia, individual y general, como algo multinivel. Por tanto, lo que cuenta la señora Bradford seguramente se basa en una teoría o experiencia milenaria. Sin embargo, aun hoy y en el mundo occidental no es tan común imbricar varios tipos de conocimiento, ciencia o creencia en un todo multidisciplinar. Pero cada vez se hace más, y eso me alegra.

Pedir pruebas de la existencia de lo que no se puede captar con los sentidos, ni medir objetivamente -eso que hoy se da en llamar lo sobrenatural o nombres parecidos- es y, aventuro, siempre será baldío. Siempre habrá un terreno reservado a la fe, siempre habrá una parcela inexpugnable. Pero, aunque no haya pruebas, sí hay indicios, y esa interrelación tan íntima entre cuerpo, mente y emociones -yo, igual que hace al menos uno de los lectores que comentan el artículo, añadiría un cuarto estrato, el del alma o espíritu- es uno: los diferentes estratos son en realidad uno solo, y por eso, lo que afecta a uno afecta a los demás, y cuando interactuamos con uno, eso repercute en los demás. Los ejemplos que da la entrevistada son muy aclaratorios. O pensemos también en cuando un mal emocional o espiritual nos aqueja: nuestra mente y, después, nuestro cuerpo son arrastrados por él también. O en cómo no sólo son las emociones las que dictan nuestra expresión facial o nuestros rictus; también es a la inversa (si no lo crees, prueba a ponerte delante de un espejo y poner cara de tristeza y ya verás cómo enseguida empiezas a sentirte triste; o, mejor, si no estás especialmente contento hoy, prueba a sonreír, aunque sea una sonrisa forzada y falsa, y casi seguro, ojalá, te darás cuenta de que te sientes un poco mejor). De igual forma, por fin, el mal no sólo entra en nosotros desde el espíritu; puede entrar desde el cuerpo, contaminando nuestra mente, nuestras emociones y, finalmente, infectando el alma. O seguir el proceso inverso, o cualquier otro orden. Vemos que los ejemplos son tan interminables como las circunstancias de la vida y nuestra forma de responder a ellas, o como las facetas de la naturaleza humana, sus fortalezas y sus debilidades.

Y comprobamos también que todos los conceptos que maneja el patrimonio del saber de Asia oriental -un patrimonio que es de toda la humanidad- no son en realidad tan inasibles ni tan alejados de nosotros como pensamos. En realidad, quien habla de los chakras o del yin y el yang no está diciendo nada muy distinto de quien prefiere hablar del mens sana in corpore sano o de medir nuestros hábitos alimenticios para que nuestra mente y nuestra psique se sientan mejor, etc. etc. Son sólo idiomas ligeramente distintos para referirnos a la misma realidad que todas las culturas y todas las civilizaciones, al margen de sus sistemas predominantes de creencias, han percibido y han constatado, aunque no se puedan contabilizar, pesar, fotografiar o sintetizar sus intuiciones ni sus efectos.

P.S.: Y quiero terminar con otra recomendación: el libro “El poder del ahora”, de Eckhart Tolle.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Los cuatro niveles

  1. Pilar

    Pues no te lo vas a creer, pero ando a la busca del libro de Montse Bradford… me encantó el planteamiento, porque ando mucho en eso ultimamente; cómo funcionamos a todos los niveles, y cómo éstos se sincronizan me parece una maravilla. Y nosotros mientras tanto, a por uvas, leyendo qué tiempo hará mañana para salir a patinar 😉

    (Me llegó el enlace por FB, algo bueno tenía que tener… x) )

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  2. Pilar

    ¿A la búsqueda de? ¿en busca de? Perdón… u.u

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    • Ayyyssss, tú siempre tan educada, tan respetuosa… *besazo*

      P.S.: Yo creo que ambas dos formas están bien 😉
      P.P.S.: Me interesaría saber tu opinión sobre las teorías de Montse Bradford, si das con el libro. Y, si te interesan estos temas de trascendencia y tal, insisto en mi recomendación de “El poder del ahora”. Es un libro escrito en términos sencillísimos, es muy cortito, y engancha…

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