Ni puertas, ni cerraduras, ni cerrojos

“Lock up your libraries if you like, but there is no gate, no lock, no bolt that you can set upon the freedom of my mind.”
Virginia Woolf, A Room Of One’s Own

Siendo la libertad un anhelo natural -quizá el más exigente de todos, el primero de todos, el que da origen a todos los demás- y siendo como es una utopía, ¿cuál es tu forma particular de hacerte libre?

No lo sé, pero puede que el arte y todas las formas de creación humana espontánea y sincera no sean más que un intento de hacernos libres en un mundo que nunca nos permite serlo.

El medio es hostil; nada nos invita a la creatividad; antes bien el mundo nos pone mil trabas. El mundo moderno es deprimente, prosaico y amazacotado. De tan práctica y orientada, nuestra forma de vida ha acabado siendo nuestro enemigo. Nada fluye realmente; todo tiende a remansarse, el agua de la vida se estanca, forma lagos de quietud en los que nada nuevo puede nacer.

Sin embargo, no sólo se coartan (coartamos) las expresiones lúdicas, hermosas, de nuestra creatividad; también vamos reprimiendo la expresión natural de quienes realmente somos. Nos metemos en corsés imposibles, acabamos siendo lo que los demás esperan, o lo que los demás creen que somos. Al final, somos actores que acaban creyendo ser su personaje; perdemos la razón en el proceso.

La verdad es ésta: hemos nacido, todos, para ser libres.

Por desgracia, la realidad construida por nosotros mismos sólo nos permite serlo hasta cierto punto, lo cual quiere decir que no nos lo permite en absoluto. Media libertad, cierta libertad, mucha libertad, es lo mismo que nula libertad.

Viktor Frankl aprendió -y para ello hubo de pasar por la experiencia de ser prisionero en un campo de concentración nazi- que hay un reducto de libertad que nada ni nadie nos puede arrebatar jamás: está en nuestra mente. Dentro de nosotros mismos, podemos ser libres; podemos elegir cómo procesar, cómo gestionar y qué respuesta dar a todo lo que nos pasa (o lo que nos hacen). Y podemos elegir también mantener el lazo con nosotros mismos; ser siempre conscientes de quiénes somos, de qué pensamos y sentimos. Y esa verdad siempre saldrá a nuestro encuentro: cuando no queremos mirarla, nos asaltará al final de la fiesta, al final de la jornada de trabajo, al final de las distracciones del día, cuando apaguemos las luces y estemos a solas en la noche con nosotros mismos.

Crear puede ser esa forma de respirar libertad. Pero nunca será más que un medio. Y tampoco debemos caer en el error de pensar que la libertad se nos dará, que vendrá de la mano de personas, entidades, proyectos, lugares físicos, acciones; ni siquiera de aprendizajes ni experiencias. Es, sencillamente, algo que somos y que debemos tener presente a cada momento.

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