Extraños días entrando por la derecha; doblando la esquina, acercándose a toda pastilla.
Tan extraños, que no puedes distinguir unos de otros.
Amontonados como sacos de cemento, como sacas de sal gorda.
Días extraños que crees que no vas a olvidar, pero que caerán en el fondo del pozo, como una gota detrás de otra.
Los nombraste los más felices de tu vida.
Esos días de 35 grados bajo cero y auroras boreales;
entregando tu cuerpo en saunas vacías, a la luz de la nieve
y pisadas que crujían tan sólo unas láminas más allá.
Es el reino del hielo, aquí estás en tu elemento,
imágenes ralentizadas hasta el paroxismo.
Días pasados con gente que, para ti, ya murió.
Minutos engastados en un cordel de pita, un rosario baladí.
Una estampa triste y anodina como el redoble de un tambor deslavazado.

Desparramados recuerdos sobre la alfombra de percal.

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Archivado bajo Entradas del pasado, Poemas

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