Estoy buscando la Tercera Vía. No es la de ellos, no es la que venden bajo un nombre con pegada; es la mía, sólo que aún no la acabo de encontrar porque todavía no soy impermeable, y cuando no es una cosa es otra.

La Tercera Vía es la solución. Es la alternativa (porque hay alternativa) a la Locura y a la Creación. Puedes sublimar tu bicho interior de esas dos maneras, que son las más frecuentes.

O puedes optar por la Tercera Vía. No puedo decirte en qué consistirá la tuya; sólo conozco la mía. Es la Vía de la paz íntima. Tan interior, que no se puede explicar, pero tampoco se acaba de sentir orgánicamente. Es íntima como un dolor de ovarios, como la descarga eléctrica de un nervio molar. Así es; así de inexplicable e inaccesible. En un momento está ahí y al siguiente ya no.

No tiene ni nombre, yo le he puesto Paz Íntima porque, aunque es un nombre cursi, es mío y es lo más aproximado que puede ocurrírseme.

Es la ausencia de ella, por ejemplo, lo que hace que esté aquí sentada escribiendo esto en lugar de descansar cómodamente en el sofá, leyendo el libro que me tiene enganchada. Es su ausencia lo que me hace correr desesperada tras los pensamientos e ideas que estallan como petardos de una traca, sucesivamente, en mi cabeza mientras carezco de cualquier tipo de herramienta para escribir su rastro.

Nunca dejaré de buscarte, y te encontraré cuando finalmente deje de buscarte.

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