Prepárate para la indiferencia, para la amistad,
prepárate para el mundo, la muerte y todo lo demás.
Cierra los ojos y, cuando no pienses más en tu final,
entonces habrás llegado.

Ahora, múdate a cada parte de tu cuerpo,
múdate a tus dedos, a tus labios, a tus ojos,
hazles dormir.
Relaja la carne y la sangre, pero no dejes que nada se pare.

Mientras tanto, prepárate para sobrevivir
para llenar hoyos, cavar minutos,
tirar horas por el borde de la alcantarilla

ahora que ya no hay nada que esperar, nada que explicar
ahora que te has liberado de los idiomas de los hombres.

Pero recuerda esto: prepárate siempre para la tormenta,
la lluvia, la nieve,
para chapotear en el agua cálida del hogar,
para la vieja almohada con olor a suave canela
para los cuentos de antes de dormir
y para la indiferencia, y para la amistad,
para sentarte en el embarcadero de tu lago
al lado de alguien que nunca sabrás lo mucho que te querrá.

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Archivado bajo Entradas del pasado, Poemas

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