Archivo mensual: enero 2010

Es inevitable la elección, y al verse enfrentada a ella, elegirá la cosa concreta, finita, aunque duela, antes que la cosa indefinida, sin principio ni final, preñada con la promesa de más cosas indefinidas, de una amalgama de todos, de una amalgama de nadas, dolorosas, imposibles de acotar, imposibles de dominar.

El dolor indefinido será como una ola que te atrape. El agua entrará en ti y te poseerá como posee a una estatua de arena.

Y entonces, descubres la magia inversa y perversa de tu propia mano. Tus designios y tu voluntad te convierten en un dios venido a menos, el cacique de un pueblo en el que sólo quedan dos viejos y un caballo enfermo. Un reyezuelo de algodón en su pedestal de plástico.

Y aun así, tú tienes el poder, y abres la flor, y escribes la canción triste en un pergamino hecho con tu piel, con la tinta hecha con tu sangre.

Y así, tú ordenas y mandas, y tú dictas qué sucede cuándo, cómo y por qué.

Es imposible mirar hacia adelante y no encogerse de terror. Es imposible sostenerle la mirada al futuro, porque lleva los ojos ocultos tras lentes de espejo.

La flor cerrada, la flor abierta, es la misma flor, y está entre tus dedos.

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seré un ser perfecto
cuando sea niña otra vez, seré un ser perfecto
dejando ir el globo
hacia el cielo de los globos
con la manita le diré adiós o hasta pronto,
pues nada se va
pues todo es un sueño
y el mundo forma parte de él.

Ahora ese momento ya se ha ido
y este otro también
y así es la belleza de la vida,
pues si no se marchita, no es belleza.

Quizá algún día dejaré de esperar,
dejaré de vigilarme,
quizá algún día alcanzaré la paz.

Mientras tanto, me siento y espero,
contemplo la bahía desde lo alto del puente,
casi ingrávida con el mundo bajo mis diminutos pies,
bailando, corriendo,
inadvertido de su propia belleza.
Las gentes corretean, se amontonan,
viven sin pararse, que es lo mismo que no vivir.
Ansían el sueño, y cuando llega,
ansían despertar de él,
siguen corriendo,
y yo quiero saber quién llegó a algún lugar y decidió que era lo bastante bello.

Ahí va ese hombre que siempre fue ciego,
ha recuperado la vista, y ahora
por fin sabe qué es la vida.
Nada más tiene urgencia, nada más lo retiene;
suelta amarras y se va, caminando, a lo largo de una sucia acera
en esta noche de otoño.
Está lloviendo, pero él no lo nota,
la vida es una fiesta,
la vida es la fiesta que siempre fue,
pero nadie más lo sabe, porque todos los demás siguen ciegos.
El arpista hermoso
inconsciente,
tañe canciones de su tristeza
en su lira de forma de triángulo aberrante.
Él aún es joven,
pero ahora ya es viejo,
y el viejo de los ojos iluminados es el más joven de todos.

Algún día, yo seré él,
mi cuerpo morirá, pero yo viviré,
seré libre de esclavitudes,
libre de la materia,
miraré esta flor y seré feliz,
cada segundo durará una eternidad,
y necesitaré cada una de esas eternidades para disfrutar cada segundo,
una gota de agua,
una flor en mi jardín,
y un jardín en mi casa,
y poner cada ladrillo para erigir mi casa,
y serrar la madera, y bendecir el árbol,
y tomar un trago de café con azúcar,
y echar el azúcar en el café,
y suspirar, y reír
y respirar
y respirar
y sentir mi corazón latir,
y mi sangre correr,
y sentir esta célula alimentarse y vivir,
y esta neurona hablar con aquella otra,
y no tener hiel en mi corazón
ni amargura en mi alma,
y amar
y vivir
y vivir
y sentir
y soñar
y que la vida sea ese sueño
y el sueño sea toda la vida
pues la vida lo es todo
y toda la vida es necesaria para vivir toda la vida
y nada puede existir fuera de la vida, pues
¿qué es la muerte, sino más vida?

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