Archivo mensual: julio 1996

La libertad en tres actos

Julio 1996

LA LIBERTAD EN TRES ACTOS

I .Dos Manos Extrañas

Anoche,

en el tren,

el destino dejó de jugar con nosotros.

Subimos,

los dos,

en la noche que reventaba estrellas y espantaba mariposas,

tomamos el tren de ida.

Pero AYER,

nada era igual.

eras un mar metido en una pecera. Pedías a tu Dios

que callara tus gritos, pero tu Dios era

una serpiente infinita.

Yo

era la ninfa ebria, ebria de licores grises.

Ya no había en mí

Colores.

¡Mundo tenebroso! Mundo al que nacimos, mundo

que nos reunió en el cruce de caminos

donde el pie del gigante estuvo a punto de

destrozar nuestros corazones.

Pero

ANOCHE

dejaste

la playa verde,

dejaste

la hierba salina,

gritaste a tu Dios ¡CÁLLATE!

Y suspiraste…

Cruzaste el umbral y ya no volviste.

Anoche

partió un tren.

Sonaba

un silbido. Sonaba

una canción

De astros sollozantes, de Nubes… de Nubes que renacen.

Y en el tren,

tu mano,

como una flor abierta,

como una

araña muerta,

como un cisne desplumado, como

el corazón aún no hallado,

decía mil palabras de llanto,

y otras mil de consuelo.

Anoche

había fuego en tus ojos,

y luz en el cielo,

y fragores de batalla llegaban como rayos vespertinos…

en la aurora de todas las primaveras

* * *

 II. El Inmortal

Las tardes azules te veían en aquel rincón.

Muertos vivientes caminaban por las grietas de alquitrán.

Tú,

inocente de tu poder,

eras el rumor de mil esperanzas que nacen al universo.

Calor, fuego de entrañas, asolaba el bosque moribundo.

Tú,

sabio en tu silencio,

inconsciente en tu soledad, pensabas

en las quimeras de la vida prometida.

Ayer no es hoy, es mañana

la verdad de los ojos prohibidos,

tu verdad entregada en urnas, coreada por

gritos

de ponzoña en la sangre,

gritos

de noches amputadas,

gritos

de fieras ignorantes.

¡Tú, tú, siempre eras

tú!

Principio de belleza escondida, que huía

de la mañana gris,

de la mañana falsa

y asesina

donde las arañas

fallecían,

sin saberlo,

en cajas negras y verdes que desafían aún hoy

la luz.

Pero y

tú,

dormías a oscuras, respirabas sol.

Nadie podrá tocarte

Nunca.

Y pasaron los días. Dichosos días dichosos.

Playa,

desierto. Almas lúdicas

Bailaban. Él era el

príncipe de la inquietud. Las olas

Besaban sus pies. Ella conocía

La isla de la tristeza.

PERO

ahora eran

Libres. La canción sólo tenía una

Palabra: Amor

Amor

Amor.

Dichoso amor dichoso.

Y mientras él se convertía en

Sabio humano feliz, mirando sólo

la estela astral de sus ojos felinos,

Ella

se vestía el alma de mariposas, y decía

Ahora,

hoy,

libertad,

sol.

Cantos de

felicidad.

 

* * *

 

III. Noche, Día.

¿Recuerdas aquella noche?

Olía a frío y a mar. Era el

Día de la

Salvación

Del Alma,

siglos

y siglos

después.

En la ciudad muerta,

los pájaros ya agonizan.

Éramos ruiseñores con veneno en los ojos.

Cercados por pestes y sangre virulenta

de los muertos que nos odiaban.

Te dije:

¡Canta para mí!

Porque hoy comienza a nacer

La dicha para las estrellas.

Rescatados de las ruinas

Por manos ignotas,

pronto aprendimos a

REMONTAR.

Y aquella

NOCHE

de cadenas y perfumes,

la luna

GRITÓ

POR FIN

su canto,

y profirió el divino mandato

para las almas supervivientes.

Cadenas, sí;

frío y noche

y

luz y calor

para nosotros

dos. Trenes que se iban

Y tocaban tangos y valses.

Rosas deshojadas

Muertas otra vez en los raíles.

Tus ojos maldecidos miraban los míos en la boca de la eternidad incierta.

Te dije:

AHORA LO ES.

Fuimos gacelas de la madrugada.

* * *

© Leire Cortabarría

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