Indeterminismo

La belleza…

La belleza y la fealdad están en el interior.

Son invisibles a los ojos, sólo se pueden ver bien con el corazón.

Pero

con el tiempo, encuentran la manera de aflorar al exterior.

Así que

cuidado con cómo es tu jardín interior.

Si vivimos lo suficiente, nos convertimos en aquello que somos.

Belleza o fealdad en constante estado de evolución –

la floresta o el secarral que llevamos dentro se adueña de nuestro rostro.

Somos puro destino autoelegido a cada paso,

cincelando en el semblante su verdad sin concesiones.

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Enemigo

No más otra vez (ahora),

en este no-libro nuestro del olvido no vuelvo a evocarte.

Eres mi enemigo más querido, el más antiguo, el que mejor conozco.

Sin verte ni oírte, puedo describir cada día tuyo, puedo redactar tus diálogos, puedo decirte cómo te sientes cuando cierras esa puerta.

Y, aunque creo haberte perdonado, sin embargo no puedo dejar de dedicarte mi odio más elaborado, el más acendrado, el que ya forma parte de mí.

No tienes culpa de quién soy, pero por ti soy ésta y no otra, por ti hice mil locuras, por ti tomé mil decisiones. Soy un poco tu obra, tú eres un poco mi creador.

También eres mi gran descubridor, el que me abrió tantas puertas, el que me reveló tantas estancias de la vida. Por ti supe del desengaño, por tu boca escuché las mentiras; gracias a ti supe que el silencio no sólo es un refugio, también el arma de los cobardes, que con el silencio condenan, con el silencio acorralan, neutralizan y matan.

Mataste tantas cosas, tantas, en mí,

que me obligaste a buscar semillas de plantas nuevas, a cultivar flores maravillosas, nutridas de la luz de la luna y de la misterios oscuridad de los invernaderos.

¡Sí!, también esto a ti, en parte, te debo.

Por ti tuve que aprender a explorar, a soñar, a crear

en formas esquivas, torcidas, extrañas,

en formas que nadie a mi alrededor comprendía; y menos que nadie, tú,

mi querido enemigo,

tan abstruso, tan romo, tan miserable en tu pequeña y predecible maldad.

Tan sólo yo entiendo estas partituras, tan sólo yo puedo oír esta música y conmoverme con ella.

Y fuiste tú quien me empujaste a crearla

Porque era eso, o morir bajo tu pie.

Eso, o morir una muerte callada y anónima, una muerte aturdida y culpable, una muerte inmerecida.

De cuando en cuando, ahora, nos vemos, me pregunto si me recuerdas como quisiera que lo hicieras, si te he marcado como tú a mí.

No, estas palabras vuelven a no existir, tú no eres nadie, tan sólo mi maldito creador,

no eres nada, tan sólo mi íntimo recuerdo, mi cicatriz de la infancia, una herida que se cosió, una llaga curada que, sin embargo, a veces, como un pequeño corazón, late y se siente.

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Reseña de ‘Un bello misterio’, de Louise Penny

Es fascinante pensar que las obras de Mozart, los Beatles, Elvis, el rap, el rhythm and blues, Bach, el techno, TODO lo escrito jamás en la música ha sido posible gracias a un monje solitario que se sintió tocado por la inspiración divina para dejar constancia del canto de su monasterio. Todo gracias a aquel hombre solo, silencioso y creativo. Todo gracias a un introvertido. (Esto también aparece en esta novela, la cual les recomiendo).

Reseña en Libros y Literatura: https://www.librosyliteratura.es/un-bello-misterio-de-louise-penny.html

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Algo bonito

 

Esto no puede esperar, es de vital importancia.

¡Dale!, haz algo bonito.

Haz algo que parezca primavera, algo que huela a mayo y abril

o a hacer novillos en junio para irnos a la playa.

Haz algo bonito, y hazlo pronto, porque se me nubla la mirada;

detén mis lágrimas antes de que desborden mis ojos e impida que vea

que todavía hay cosas bonitas, que siempre las habrá

mientras haya alquimistas que inhalen humo y cenizas y exhalen polvo de estrellas.

¡Rápido!,

háblame de cosas bonitas,

pero no me ahogues en entelequias; dime el nombre verdadero de las cosas,

háblame con palabras recias -luz, vida, justicia, esfuerzo-, no me escamotees lo auténtico;

háblame como hablaba Dios a Abraham, con un amor que es como un fuego eterno que te duele pero que te da la vida.

Dime algo bonito: dime la verdad, aunque me haga llorar, porque eso me permitirá crecer, limpiar mis heridas, ver la luz del sol.

No me ocultes la noche, ni el hielo del invierno; yo sé que existen estas cosas; no me apartes de ellas -también esto es la vida.

Hazme llorar y sécame luego las lágrimas; dame un abrazo tan fuerte que todo parezca quedar en silencio; no me digas mentiras; no adornes lo que es feo, pues yo ya lo he visto; haz todas estas cosas, si me quieres; haz lo que sea necesario; pero

¡dale!, hazlo bonito.

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La canción de Sara

Sucedieron muchas cosas pero nada cambiaba, hasta que sucedió la última cosa, y entonces yo cambié.

Y me pregunto, y te pregunto: ¿podrás quererme ahora que ya no soy aquélla? ¿La que te acostumbraste a ver, hasta que casi ya no la veías?

¿Podrás quererme, ahora que soy como las demás, ahora que no soy nadie especial?

¿Ahora que no soy diferente, ahora que no tengo que apoyarme en las paredes, en cualquier punto de apoyo,

fingir una sonrisa que tan grande se veía en un rostro estragado?

¿Ahora que ya no tengo en los ojos la luz febril de las fanáticas,

de las que no ven ni sienten el mundo, porque sólo pueden vivir dentro de su cabeza?

¿Ahora que ya no me encojo ni me hago un ovillo para guarecerme de aquel horrible frío,

ahora que no vivo del aire ni estoy a punto de volverme transparente?

¿Me querrás, ahora que no me ronda la muerte, ahora que no soy la encarnación de una idea romántica y enfermiza que, quizás, me hacía tan diferente, tan espiritual?

¿Puedes quererme ahora que soy sólo alguien que quizás te cruzarías en la calle y no volverías a mirar?

¿Que ya no tengo un Secretoemocionante que ocultar?

¿Que ya no hay misterios que expliquen mi existencia, ni mi estar-y-no-ser?

¿Ahora que puedes abrazarme y no abrazar una sombra, sino un ser real,

y que puedes mirarme y sentir la mirada que responde de una persona normal?

¿Ahora que soy una más, y no una menos?

Si antes, que casi fui perfecta, no me quisiste, o me quisiste poco, ¿podrás quererme ahora que ya no lo soy?

Ahora que sólo aspiro a vivir hasta morirme, y no a morir por no poder vivir,

¿me querrás, por fin, ahora?

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Reseña de ‘Microterrores’, de Diego Palacios Marxuach

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Diego Palacios repasa y revisita en sus Microterrores los miedos clásicos, contextualizándolos en la época actual –con presencia de series televisivas de moda, artefactos tecnológicos novedosos, solitarias vidas urbanas, relaciones asépticas y muy civilizadas…– así como en escenarios y ambientes recurrentes y siempre eficaces: la casa misteriosa, el bosque, la noche, la soledad, lo inexplicable.

Reseña completa, aquí.

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Brújula

Mi dolor tiene -ahora lo sé- un sentido.

No es en vano este inmenso vacío, este fuego que me devora, esta peste silenciosa que me enerva.

Tantas noches en vela, tanta paz que me ha sido negada por más que la rogaba, no son una enfermedad, ni una tara.

Puesto que gracias a ellas, yo podré

guiar a mi pueblo al jardín del Edén

guiar a mis gentes a prados más verdes

donde encontraremos árboles cargados de promesas,

verduras y plantas cuyo fruto nos aguarda

para alimentar a nuestros hijos, para asegurar nuestro futuro.

Yo, ahora inmune a más dolor, indestructible al hambre y a la carencia, pues me he forzado a sobrevivir en el abrazo de ellas,

llevaré a mi pueblo a los valles más deliciosos, al abrigo de dulces arroyos

cuyo regalo de agua jamás acaba,

a fragantes jardines donde la floresta nunca muere, la miel resplandece, al sol, dorada,

donde nuestro famélico ganado hallará pasto y lecho.

Mi fuerza será su puente, mi oscuridad será la estrella que los guíe.

Yo llevaré a mi pueblo, yo llevaré a mi amor,

mi muerte en vida será la suya eterna.

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Libertad

Cómo quisiera poder guiar cada paso que das.

Iluminarte el camino que vas a pisar, explicarte el motivo detrás de cada decisión que yo tomaría por ti.

Miraríamos atrás, los dos juntos, y veríamos toda una vida llena de aciertos.

Cómo quisiera poder elegir tus amigos, tus aficiones, a qué querrías dedicar tu tiempo libre, qué quisieras hacer de ti mismo.

Mi experiencia colmaría de éxitos tu futuro, no te equivocarías nunca.

Porque en retrospectiva, todos tenemos una vista perfecta.

No sufrimos de miopía, no vemos demasiado lejos sin ver lo de cerca, no nos ciega los ojos la demasiada ilusión ni la excesiva confianza en quien no lo merece.

Todo lo vemos claro (si acaso, algunas veces, empañado por las cataratas de la amargura).

Con ese escarmiento querría yo servirte, ser tu infalible brújula.

Pero no puedo, ninguno de nosotros puede hacerlo por ninguno de vosotros.

Así es la vida.

Y, aun si pudiera, quizás algún día tú me preguntarías: si tanto sabes, ¿por qué elegiste mal tantas veces? ¿Por qué cometiste tantos errores, de juicio, de exceso de confianza, de ingenuidad engañosa, de pura necedad?

Yo sólo podría decirte que lo hice porque no sabía, y, al no saber, forzosamente era libre.

Y si me hubieran arrancado la libertad, ¿habría podido seguir viva?

¿O habría muerto en vida por no tener ya más aquel derecho que, por haber nacido, me correspondía?

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Surrender

Aquí rindo los últimos restos de mi existencia.

Mi carne hambrienta, mis pobres ropas, mi salud agotada, mi cuerpo extenuado.

Tan sólo mi sangre es aún joven y fuerte, pero con una fuerza baldía.

Esta tierra será mi Cartago: mi última morada, el testigo de mi voluntad aplastada.

Rindo mis ojos, mis entrañas,estos dientes

la voz que tantas verdades quiere contar, mas no puede.

Espero que la muerte dure mucho, y espero que mi próxima vida me sea más leve.

Hacer algo que deje huella; hacer algo con mi vida, y no con mi muerte, que ha venido tan rápido; esta muerte que yo no esperaba.

Aun en mis últimos segundos, conservo la esperanza; tantos sueños que una vez tuve, tantas legítimas ilusiones, ¿es posible que queden en nada?

Y quiero tan sólo pensar que si ya no mi vida, al menos mi muerte a alguien pueda importarle.

No por lo que yo hice ni por quién fui (nada, ni nadie), no por mi nombre que ya no queda nadie que conozca, ni el de mis padres, ni mi familia, sino por las manos de aquéllos que me van a acabar.

A mí, ahora, sólo me queda esperar…

Esperar que el sueño dure mucho, y que la tierra, y mi próxima vida

en verdad me sean leves.

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Seres de hielo

Me dejaron salir al mundo, y allí estaban ellos: los seres de hielo.

Ahora eran dueños de todo, habían repoblado países, ciudades, con su civilización.

La disciplina fue su arma de destrucción (y construcción) masiva.

Ordenados como aquellos soldados de terracota, obedeciendo a sus creadores, maldecidos con el amargo don de la eternidad.

Tomad la tierra y sometedla, vivid para siempre.

Sed siempre fríos, incorruptibles, de estremecedora, inmaculada belleza.

Creí que al tacto se desbarataría su firmeza, pero no;

eran seres creados para durar (casi) siempre.

Seiscientos años, setecientos, de vida, sólo por haber obedecido, sólo por portarse bien.

Descansando en urnas aclimatadas, perfectos por siempre jamás, alimentados de agua y de vacío.

Existencias que, cuando finalmente, un lejano día, hayan terminado, será como si nunca hubieran sido, tan leve será su paso por este mundo que un día se les rindió.

Casi tan eviternos como el firmamento, tan gélidos como las hermosas estrellas.

Tan sólo una emoción vibra a veces bajo su férrea epidermis: la envidia que los enferma; el odio por nuestra libertad, nuestro derecho por nacimiento; la libertad de una vida breve y finita.

Seres de hielo que nos envidian y nos temen…

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