Mi yo más yo

Yo era tan mona, yo era tan normal

juro que era linda y entrañable, no era tan como los demás, pero estaba ahí

en la parte aún aceptable.

Hacía las mismas cosas que todos los demás

pero de repente, algo pasó.

No sé qué fue, aún no lo recuerdo, a pesar de que intentan ayudarme,

me llevan de la mano, pero

NO

ni creo que recordarlo sirviera de mucho.

Simplemente, un día me di cuenta de que me iba a morir,

de que todos nos íbamos a morir,

todo lo que había a mi alrededor y que yo amaba.

Me consolé con mis muñecos y viendo mucho la tele,

pero mucho, mucho.

Me consolé de la forma que pude, agarrando historias, inventándomelas,

aquí, allá, cogida a unos hilos

que, sin embargo, resistieron

hasta que pude escalar a la superficie.

Pero el miedo aún seguía ahí, y ya nada podría arrancarlo de mí.

Nos habíamos abrazado tan fuerte que ahora éramos uno.

Y ese miedo lo heredan quienes vienen detrás,

lo absorben quienes se acercan.

Yo era la cierva con la pata quebrada

y los tigres vinieron a por mí y me cazaron.

No era peor que los demás, sólo estaba malherida.

No era peor, ni valía menos, pero me tocó la china

y ya para siempre jamás.

Mi cadáver abonó la tierra y de ahí salió un árbol con la rama quebrada.

Sí, somos uno, y no sé por qué

y te llevo tan dentro que a veces juro que hasta te quiero.

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Slava

Ahora no tenemos pandemia, porque tenemos una guerra.

Ahora no tenemos frío, porque nos morimos de hambre.

Ahora no lloramos, porque pasamos palabra.

Me senté en mi jardín a escribir, aquel día vi pasar las ojivas nucleares.

Cambié de canal.

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Eran sus ojos.

Ojos de Laura Mars, ojos de Bette Davis.

Ojos de alienígena, ojos de alienada.

Ojos de fanática, de Juana de Arco yendo de buena gana a su horrible muerte.

Era la forma de la cara, la estructura ósea, un poco irregular, algo desgastada

por los bordes,

con cuencas erosionadas;

como diría Poe, «con algo extraño en su proporción».

Ojos de cervatillo talludo, resabiado,

capaz de volver contra su cazador el fusil con mira telescópica

y silenciador.

Eran sus ojos, por ahí entraba todo, lo bueno, lo malo, rayos de sol, rayos y truenos,

por ahí entraba todo, atajando el cerebro, yendo al corazón.

Eran los ojos,

lo que la llevó a la muerte en vida, los ojos que nunca podía cerrar, las ventanas

al cielo y al infierno

por ellas entró el anzuelo, corrió la sangre,

gotas evaporadas en la inmensidad de un océano cómplice.

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Happy

Empiezo

todavía llena de agujeritos por todas partes

por ellos se me escapa la vida, las ganas,

pequeñas grandes catástrofes que no salen en tu lista de noticias.

Empiezo otra vez donde ayer lo dejé,

aunque no veo ya el punto final de ayer y la capitular de hoy.

Escribo sin plantilla y de corrido, sin florituras.

A cada cosa que veo le pregunto el porqué:

¿Por qué existes, para qué? ¿Para qué cualquier cosa, para qué yo?

¿Para qué todo este (insertar aquí sinónimos de dolor)?

Hilar cada vez más fino, más y más fino,

así se termina una vida, no cuando el corazón se para, sino antes,

es el alma la que se rinde primero, se cansa y se va

y deja que el resto siga su curso hasta la inevitable decrepitud.

Y por qué un nuevo día, y para qué

y para qué volver sobre lo mismo, con esta voz que ya ni eco tiene

que ya ni sombras deja

que ya ni recuerda su origen y su vínculo divino

ya nada, ya está todo desacralizado

ya está todo manchado y tirado

para que lo arrastre el viento, como a la ceniza de los petardos de anoche.

Feliz, feliz

feliz año viejo

happy happy

happy old

same old.

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Tú y tus frases hechas

Tu madre conduce demasiado rápido.

No la despiertes, que entonces será aún peor.

Tiene manchas de sangre en su vestido blanco.

Pero ella, tan feliz.

¡No la envenenes!

Dile a tu padre que…

No, él no está para eso, él está para otras cosas.

Mamá, en la escuela nos han dicho que…

Todos los regalos los traéis los padres.

La casa de tu madre está encantada.

Todo se enciende sólo cuando ella entra.

Y se aturde a base de leer

para no tener que oír las voces.

Tú y tus frases hechas, tú y tus chistes malos.

¿No me vas a desear una feliz Navidad siquiera?

Todavía estoy viva, todavía estoy aquí

aunque tu a veces te preguntes por qué dejaste que naciera.

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Es ver las prendas que tú amas, las especiales, las que nunca vas a tirar,

salvo muerte por causas naturales,

en una web de segunda mano, a 4 euros, a 2 euros, y rompérsete un trocito del corazón

para no sanar nunca más.

Y darte cuenta de lo poco importante que eres tú, yo, lo nada que importamos todos,

a pesar de que hoy sea siempre todavía (…)

quizá no haya más tiempo para nada más, en el fondo,

porque la vida es un vivir donde todo da lo mismo, nadie es insustituible, a nadie se le echa de menos el tiempo suficiente

si lo comparas con toda la eternidad que va a venir después.

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¿Sabes? Este es el único secreto:

Estás solo, estoy solo

No llames, nadie vendrá

Nunca

Excepto para robarte la ropa que lleves y saquear tu cadáver.

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Tanit

Nací para la vida, aunque haya muerto un poco.

Te entrego a las aguas de donde viniste, la marea que te trajo te llevará

de vuelta

hasta mi segunda venida.

Mi sitio está aquí, entre los vivos

que no saben, que hablan alegremente, ignorándolo todo sobre ti

pero aun así, vivos, tan vivos como yo

y yo, igual a ellos, vuelvo a unirme a su tribu

aunque no los entienda, aunque aún balbucee su idioma.

Mi voz entrecortada aún sirve para hacerme oír

y también para escribirte a ti estas cartas.

Allí donde estás tu cuerpo aún no se ha deshecho, tu regalo de amor continúa

con tu nombre escrito en la arena, garabateado, con mis manos, con las tuyas

sólo vislumbradas entre todas las sombras.

Y aunque nunca te viera, yo ya te conozco, te hice un retrato

allí donde habitabas, tu cueva secreta en la isla, en un pajar, entre amapolas

donde yo, sin saberlo, te arrullaba

llorando

maldiciendo

porque estabas sólo de paso, porque aun sin haber llegado

ya te ibas.

Pero ¿puedes creerme?,

nunca dejaré de quererte.

Un océano de tiempo nos separa ahora, pero es como si fuera hoy cuando primero supe de ti.

Mi lugar aquí, entre los vivos, pero después de ti, ya no es igual

porque me has dejado tus alas y tus partículas de polvo estelar.

Dime, pequeña hada hecha de aire y de agua,

¿Un día volverás?

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Dentro

Si lo crees, no te lo dejes dentro.

Creer…

¿El qué?

No lo sabía, no he entendido hasta ahora.

Creer tu verdad.

Stand tall in your truth, dice la que ha pasado por esto, la que sabe.

Tu verdad: bella, tan humilde como pueda ser, es tuya.

Aunque los demás digan, aunque los demás chillen.

Importante: no-bajes-al-fango.

No bajes al fango para pelear donde te quieren tener, porque ahí te arrollarán con tu experiencia y te ganarán.

Quédate donde estás. Allí donde ellos no pueden subir.

Quédate.

Reina.

Quédate.

Joya.

Si nadie más te quiere, yo sí te querré.

Ahora sí.

Ahora sí.

(Pero no te quedes más dentro).

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May I?

¿Puedo ahora por fin soltarme de esto? ¿Puedo soltarlo ya?

Dejar caer mi ira, mi depresión, mi compasión, mi amargura.

¿Puedo dejar caer mi vergüenza y mi culpa?

¿Puedo dejar esta guerra conmigo misma?

Ellos me mataron entre todos, pero la que murió fui yo

de mi propia mano.

Yo no quería nada, no quería lástima, no quería ayuda

sólo quería un poco de paz.

Dijo mi único amigo: no te preocupes, todo va a salir bien.

Sí, que estés aquí me importa;

lo que tengas que dar tú a mí me interesa:

tu poesía, tu sensibilidad, tu intensidad

no son en vano.

Por fin me ha llegado tu mensaje, después de tanto esperar.

Sí, ojalá, ahora puedo empezar a creer, creer que todo va a salir bien

aunque tenga que romperme los cuernos una vez más, llegar desmadejada y con las alas rotas

con la cabeza ensangrentada de tanto golpearla contra el cristal de la bombilla.

Pero llegar y sanar, de una vez, en silencio,

oyendo, sintiendo, respirando,

estando aquí, o allí, en cualquier parte, pero sabiendo que todo está finalmente bien,

que estamos salvados, que ya nadie puede atraparnos.

Yo sólo quería saber eso, sólo eso, y poder

bajar los brazos, dejar las armas, no sentir este sonrojo que nunca me abandona,

no sentir ya más este odio, este odio como un tumor enquistado,

odio hacia quien yo soy, ¿por qué, por qué?

¿Por qué tuve que ser yo la castigada

de rodillas en la sombra y con los brazos en cruz?

Y el signo de mi cara

¿no es acaso la señal de Caín?

Pero hasta esto te lo perdonaré

todo te lo perdono ahora, si me dejas seguir.

Sonríeme, sonríeme un poco, espejito

que en esa sonrisa me va la vida.

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